Cuando el bus se vacía, es porque un asalto se aproxima

“En ese momento me sentí incomoda, temía que me manoseara con la excusa de quitarme algo”.

“¿Qué te paso?”, preguntó preocupado su amigo Fredy, a quien encontró en el trayecto cuando se dirigía a su casa. Sin duda, el rostro de la joven reflejaba el temor que aún la embargaba, era como una escena insípida que se repetía una y otra vez en su mente.

Utilizar el transporte público se ha vuelto una necesidad y realidad a la que diariamente miles de guatemaltecos se deben enfrentar: esto implica, no solo tener que lidiar con la prepotencia de pilotos y ayudantes, viajar en buses sobrecargados de pasajeros y en pésimas condiciones; sino también, correr el riesgo de ser asaltado o extorsionado por delincuentes.

Los casos de asalto en el país, ocupan una lista infinita. En palabras de Édgar Guerra, de la Defensoría del Usuario del Transporte Público de la Procuraduría de los Derechos Humanos (PDH), se cometen unos 90 asaltos a buses diariamente solo en el área metropolitana.

La historia de Joana, no es la excepción y forma parte de este registro: “Tuve suerte. No salí herida, pero temo que vuelva a suceder”, menciono la joven.

Peligro inminente

Sucedió un jueves a finales de agosto del año pasado. Aproximadamente eran las siete de la noche, Joana una estudiante de la Universidad de San Carlos de Guatemala (Usac), viajaba en un bus de la ruta 70, que recorre desde la 15 calle y 4 avenida de la zona 1 hacia la colonia Primero de Julio, en la zona 5 de Mixco.

En esa ocasión, recuerda la joven, algunos asientos del bus estaban desocupados, lo cual se convertía en el blanco perfecto para cualquier delincuente.

Aburrimiento y cansancio invadían a la mayoría de pasajeros; combinación que en poco tiempo logro desaparecer, cuando tres individuos comenzaron a dar golpes al bus con sus armas en manos. El primero de ellos se colocó detrás del piloto, el segundo atrás, como cuidando la salida, mientras el tercero era el responsable de despojar las pertenencias.

Asustada, Joana intento descifrar la situación, no sabía a ciencias ciertas si los sujetos viajaban como pasajeros en el bus o subieron en alguna de las paradas.

Un ambiente tenso y lleno de nerviosismo inundaba el automotor; y cerca de la joven, una señora de unos 40 años rezaba entre sollozos. Con gran violencia, el tercer delincuente (encargado de arrebatar las pertenencias) despojaba los objetos de valor a las personas, incluido dinero y celulares; catalogado como el cuarto delito de mayor incidencia a nivel nacional, según informes del Ministerio Público (MP).

El momento parecía haber llegado, el sujeto se acercó a la joven la observó de pies a cabeza y le lanzo una mirada lasciva y fustigadora.

“En ese momento me sentí incomoda, temía que me manoseara con la excusa de quitarme algo”, expreso Joana.

Lamentablemente el asiento que estaba a la par suya estaba vació, aprovechando la oportunidad, el sujeto se le acercó y con un tono amenazante le pedio su celular y dinero. No conforme con ello, le exigió ver su bolsa. Ella se la mostró y comenzó a moverla de un lado a otro, para demostrarle que solo llevaba libros y copias.

“¡Ay ya, deja esa tu mierda!, o un plomazo te voy a meter!”, recuerda la joven que le grito el delincuente; asustada y casi pálida, se detuvo. Ante esta escena los pasajeros se quedaron inmóviles, temían resultar heridos si algo sucedía entre el ladrón y su víctima.

Parte de este temor que presentan los usuarios del transporte colectivo, se debe a que en la mayoría de los casos las víctimas son los propios pasajeros, porque resultan heridos o asesinados, aunque el ataque sea en contra el piloto, detalla Guerra.

El sujeto se percató del miedo de la joven y aprovechó para revisar entre su blusa; posó su mano en los senos de la joven y la movió con gran rapidez en busca de cadenas y demás electrónicos. Joana con gran impotencia volteo su rostro, esperando que todo terminara. Sin duda, tal como menciona Guerra, esta escena forma parte de muchas de las agresiones físicas que suceden durante los asaltos cuando delincuentes registran a las mujeres pensando que esconden objetos de valor.

“Si yo tuviera la oportunidad de comprarme un carro, lo haría, pero la necesidad me lleva a utilizar este servicio”, manifiesta Joana, que como muchos otros guatemaltecos, forma parte de los 2.5 millones de personas que utilizan diariamente el transporte público en la ciudad de capital, especialmente los buses conocidos como rojos, los cuales suman aproximadamente 2 mil 776 unidades repartidas entre distintas rutas.

Diariamente Joana, toma la ruta 203 que la lleva directo a la Universidad de San Carlos. El recorrido comprende desde el centro universitario en la zona 12 hasta la zona 6, sobre el Periférico y la calle Martí.

Para Joana, esta no ha sido la primera vez que la asaltan, en otras ocasiones ha sido víctima de atracos en los buses rojos, también mencionó, que a veces no se sabe si los delincuentes se encuentran en el bus o suben en alguna parada.

Guerra coincide con las declaraciones de la joven, pues explica que entre las denuncias que han atendido, los usuarios afirman que los asaltantes viajaban entre ellos como cualquier otro pasajero. También indicó, que la forma en que operan estos grupos, consiste en subirse en un punto determinando y dependiendo de la hora esperan el trayecto más desolado para iniciar con un asalto, con un ataque directo al piloto o incluso al ayudante del colectivo.

Usuarios, los más afectados

Pasajeros, pilotos y delincuentes, han muerto durante asaltos en diferentes zonas de la metrópoli.(Foto Plural: Hemeroteca Prensa Libre).

Año, con año, el transporte público continúa siendo un medio inseguro tanto para los usuarios como para los conductores de las unidades. Sucede que los datos registran que en 2018 fueron asesinados 27 pilotos y 40 usuarios, esto según él registro hemerográfico de la Defensoría de los Usuarios del Transporte Público de la Procuraduría de los Derechos Humanos.

Las cifras dejan en claro, que día con día las personas usuarias ven afectados sus derechos a la vida, integridad, libertad y seguridad; tal como sucedió la noche de aquel jueves en la ruta 70, pues en esa ocasión ni el piloto ni el ayudante resultaron lesionados, pero sí no menos de 2 pasajeros, entre ellos, Joana que sufrió una agresión sexual, al ser manoseada por el delincuente, además de la crisis nerviosa que sufrieron otros usuarios, especialmente mujeres adultas.

Al concluir con el asalto, los delincuentes le exigieron al conductor que no se detuviera por ningún motivo, de lo contrario lo asesinarían, es por ello que ninguno de los usuarios fue atendido tras el atraco, pues el trauma psicológico no parecía ser tan importante como lo eran las heridas físicas.

De tal cuenta, Fredy Ortíz, psicólogo social de La Liga Guatemalteca de Higiene Mental, menciona que la mayoría de personas tras vivir una experiencia de este tipo, viven con el temor de tener que viajar en bus y que vuelva repetirse del martirio de salvaguardar su vida.

“El único consuelo que me queda es poder contar estas historias de peligro y terror que he vivido. Me gustaría tanto que existieran soluciones a la inseguridad que se vive diariamente, pero soy consciente que para que eso suceda, aún hay una enorme brecha por atravesar”, expresa con tristeza y resignación la joven.

Mientras tanto Joana, tendrá que continuar transportándose en bus como muchos otros guatemaltecos que tienen la misma necesidad, rogando porque el bus no se vacíe y que se avecine un asalto.

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