“Tomar agua pura es bueno para quitar el susto, ¿verdad?”

Podría escribir de tantas cosas, pero prefiero recordar este hecho, común en el día a día de muchos guatemaltecos (y que lleva años de ser la promesa fallida de los aspirantes a dirigir el gobierno).

Pasaban las 13 horas del 15 de junio. El gris del cielo anticipaba fuerte lluvia para la ciudad de Guatemala.

Como muchos guatemaltecos me encontraba esperando, en cercanías de una zona comercial, el bus que me lleva a otro punto de esta ciudad y así seguir con la jornada. Logrando sacarme de la enorme cantidad de pensamientos en la que estaba hundido, un joven se acerca y me dice “tomar agua pura es bueno para quitar el susto ¿verdad?”, a lo que respondo “sí, es bueno, te calma un poco”.

Originario de Santa Cruz del Quiché, el joven de aproximadamente 23 años realizaba diligencias en diferentes puntos de la ciudad, pero fue asaltado por varios muchachos, posiblemente menores de edad según contó, en una unidad del transporte público en El Trébol. Sus ojos reflejaban impotencia, miedo, enojo y frustración.

“Me hueviaron todo”, decía mientras bebía de una bolsa de agua pura. “Me quitaron el teléfono, la billetera, mi pasaje, TODO”, agregaba mientras con sus manos temblorosas se tocaba las bolsas del pantalón e intentaba no llorar. “No sé qué voy a hacer. Tengo que ir a la Terminal a tomar el bus para regresarme a Santa Cruz y el pasaje cuesta Q35 y no tengo un sólo centavo”respondió cuando pregunté a dónde se dirigía.

“Tranquilo, respirá profundo. Lo material se repone. Gracias a Dios estás ‘entero’. No te enojés, no vale la pena.” le decía al compartir que también he sido víctima, como muchas personas, de numerosos robos en los buses.

“Puta mano, a mi lo que me duele son los papeles” decía mientras empuñaba la mano con la bolsa plástica en ella. “Puta vos, y lo peor es que son puros chavitos, puros chavitos… en lugar de conseguir un buen trabajo, estudiar o estar con su mujer, se ponen a hueviar. Puta, de verdad que…”, agregaba.

Sus palabras, acompañadas de un suspiro, tenían un tono conocido: decepción. Esa que acompaña la jornada de muchos guatemaltecos cuando deben bloquear números de teléfono, dar dinero para evitar la pérdida de sus pertenencias en los buses, entre muchas otras.

Lo vivido por el joven es una escena común en la vida de muchos guatemaltecos que día a día se enfrentan a esta violenta realidad. La ruta 40R, donde el joven fue asaltado, es una de las más afectadas, según una nota publicada por Diario Digital con testimonios de pilotos de las unidades y los horarios donde se registran más robos.

El Trébol, el sector donde se produjo el crimen, es testigo de la escena que se repite con diferentes protagonistas, según una nota de Canal Antigua Digital que recoge denuncias de usuarios y la respuesta de las autoridades a las mismas. “Una, dos o cinco baritas todos cargamos. Colaboren porque no queremos quitarles sus pertenencias”, frase que muchos sabemos de memoria y se escucha en otros buses rojos.

Casi nunca cargo efectivo, sólo lo de “los pasajes”, pero gracias a las “casualidades” de la vida, contaba con una mínima cantidad que ofrecí al joven para que se movilizara en lo que contactaba a alguien que lo auxiliara de mejor forma. Él, con brillo de alivio en sus ojos, agradeció el gesto, respiró profundo y abordó otra unidad del transporte público.

No sé cuál es el nombre del joven, tampoco sé si llegó bien a su destino, espero de todo corazón que así haya sido. Su caso me marcó, no porque haya reaccionado con violencia y deseado la muerte para sus victimarios, si no porque al igual que yo, al igual que muchos guatemaltecos, pensó en una mejor realidad para quienes le despojaron de sus pertenencias.

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Inquieto. Más café que sangre en las venas. Periodismo. De todo un poco o se aprende. Leo dos veces un libro. Escribo con lápiz.

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