Yomira Acajabón: “Quería ayudar a todos, sin saber que un día la que iba a necesitar ayuda iba a ser yo”

La gente corría para un lado y otro, al parecer gritaban, el caos se apoderó de todos de un momento a otro, se topaban unos con otros, no sabía lo que sucedía, en ese momento mi mente no supo qué hacer y a quien acudir, mis oídos se quedaron totalmente sordos.

La gente llevaba a cuestas sus cosas, no les importó que fueran pesadas, otros corriendo con sus hijos, algunos más tropezaban con otros por la carrera que llevaban sin importar que podían lastimarse, una chica se cayó del vehículo en el que iba, era inimaginable lo que estaba pasando a la comunidad.

¡Yomi! ¡Yomira!… Mi mamá gritó mi nombre muy fuerte y fue en ese momento que escuché el bullicio que sucumbía ante mí, éramos trece en el carro en el que normalmente caben seis, iba la mayoría de mi familia, tías y primos unos encima de otros sin preocuparnos si íbamos a caber o no, a un lado iba mi hermana y al otro mi mamá, las tres llorábamos de manera incesante, escapando por nuestras vidas.

Mi hermano era quien llevaba el carro, tomó la carretera hacia Escuintla, hasta que llegó al cerro de Mirandilla. Nos bajamos rápidamente y todos gritaban ¡ahí viene la lava!…  ¡ahí viene la lava!… vehículos llenos de gente que escapaba del lugar, cuando me di cuenta, estaba descalza y con los zapatos en las manos, veía pasar a las personas llenas de ceniza, nunca me imaginé que el lugar donde vivíamos iba a desaparecer.

Volviendo a recordar

Hoy con una voz más vivaz, Yomira Acajabón de 23 años y a quién la vida le dio una esperanza de seguir viviendo, como ella lo refiere, relata lo que vivió junto a su familia y otros pobladores en la devastadora tragedia del Volcán de Fuego el pasado 3 de junio de 2018.

Con un semblante sonriente, las gafas bien puestas e historias por contar, Acajabón después de más de un año de la tragedia comenta “la tranquilidad que siente después de aquellos días que no encontraban la paz en medio del bullicio y la desesperación de la gente”.

Le encanta el café y mejor si es de Guatemala,  “¿Qué haremos si esta bebida desaparece?”, comenta, el café que es una de sus bebidas favoritas, hoy la disfruta, a pesar de las pruebas de la vida, debemos darnos tiempo para disfrutar de esto, alzando su bebida de café.

El volcán, el vecino que no nos quiso más

El volcán de Fuego está ubicado entre los departamentos de Escuintla, Sacatepéquez y Chimaltenango. Es fácilmente identificarlo, pues este, casi siempre muestra actividad volcánica, la cual es apreciable a la vista.

En junio del 2018, una terrible tragedia enluta al pueblo guatemalteco, sin imaginar que este, despertaría la furia en contra de la comunidad de San Miguel Los Lotes, ubicada en la Aldea El Rodeo del departamento de Escuintla.

La erupción afectó a casi 2 millones de personas, causó la muerte de más de 300 y dejó varios heridos. Los lugares más afectados fueron las aldeas, caseríos y colonias aledañas al Volcán muchas de ellas pertenecientes al municipio de Escuintla, Alotenango y San Pedro Yepocapa, que fueron soterradas por los violentos flujos piroclásticos.

Adicionalmente, dos mil personas fueron evacuadas a albergues temporales.​ La erupción fue catalogada como la más grande del volcán de Fuego desde la ocurrida en 1974, según información de la Coordinadora para la Reducción de Desastres (CONRED).

 

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Totalmente descumunicados y varios soterrados. El Rodeo, Escuintla.

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Se crearon Albergues de Transición Unifamiliares (ATUs) en los cuales los damnificados fueron provistos de hogares temporales para su resguardo y convivencia mientras se cubría  la emergencia. De estos fueron instalados dos ATUs, uno en el departamento de Sacatepéquez y otro en Escuintla.

Sin imaginarse lo que sucedería al día siguiente donde el volcán iba a sacarlos del vecindario. Era sábado por la noche y estábamos reunidos con mis familiares en casa, primos y algunos tíos y tías hacíamos bromas, reíamos todos juntos recordando cosas de la niñez tanto de mis papás, tíos y tías como de mis hermanos y primos.

Eran las 7 de la noche y como es costumbre en Guatemala, los tamales no se hicieron esperar, recuerdo muy bien que mi mamá llevó tamales extra para todos, mi mamá siempre acostumbra a hacer eso, creo que como toda madre con la pena de qué va a comer cada uno.

Aquel aroma a hoja, masa y recado no se hizo esperar, es el típico aroma de tamal, fueron pasando uno a uno para la mesa del patio, todos estábamos ahí reunidos desde pequeños hasta los adultos, Marilin (mi prima) y Thalia (mi hermana), se hicieron cargo de poner la mesa, mientras mi hermano fue quien me ayudó a pasar los platos servidos a la mesa.

La jarrilla de chocolate caliente recién salido del juego de leña hizo su aparición también, imponente aquel aroma de la bebida ancestral, exquisita por excelencia y arropándonos en aquella helada noche de sábado en el patio de la casa después de una tarde lluviosa en Escuintla.

Y así fue entrando la noche y cada uno regresó a sus hogares en la noche fría de sábado, a todo esto ya eran pasadas las once de la noche, empezamos a limpiar junto con mi hermana, lavando los platos y todo aquello que utilizamos para la cena en familia, comenta Yomira.

Los retumbos eran típicos a cada hora del día, a veces fuertes y otras más débiles, en esta comunidad existía un puesto de vigilancia por parte de la CONRED, con la finalidad de emitir algún reporte a las autoridades en caso de emergencias.

El domingo amanecía, eran las seis de la mañana, los gallos de la comunidad cantaban, había en algún lugar en donde se escuchaba bullicio, pues gente se oía a lo lejos que murmuraba. De un brinco, los cohetillos hicieron que me levantara a esa hora, había una celebración en la comunidad, la iglesia católica tenía actividades en diferentes puntos, el Corpus Cristi.

En ese mismo momento, niños pasaron corriendo frente a mi casa gritando, un tremendo ¡boom! se escuchó, sonidos anuncian que las actividades están por iniciar en Los Lotes, la pirotecnia sigue sonando a lo lejos. Al salir de casa, en las calles la fiesta se hace sentir, decoraciones que se mueven junto con el viento por los callejones, flecos de amarillo y blanco, son señal de fiesta en este humilde poblado.

Con el tiempo, ahora pienso que todo fue cuestiones de la vida, esta te prepara para que te hagas más fuerte con todo lo que ella te va presentando día a día. Hace ocho meses pasamos una verdadera prueba junto a mi familia. Con decirte que no teníamos ni para comer, fueron días verdaderamente de prueba.

Hace dos años mis papás tuvieron la oportunidad de poner un negocio y empezamos bien, todo iba bien hasta que ellos no pudieron seguir administrándolo y nos dijeron a mí y mis hermanos que yo me iba a hacer cargo del negocio, pero no es eso lo que quiero en la vida.

Yomira, es la segunda hija de tres hermanos, actualmente labora como maestra de educación primaria en un colegio en Escuintla, también es estudiante universitaria de Profesorado en enseñanza media en la Universidad de San Carlos de Guatemala, centro regional de Escuintla.

Siempre tuvo el deseo de ayudar a otras personas, sin saber que en el fondo iba a terminar siendo una de las que necesitaría ayuda, declara, mientras suspira al recordar lo que pasó ese domingo 3 de junio de 2018.

Al final no me quedé como encargada y pusieron a mi hermano, debido a que él no sabía cómo era el asunto, hubo la necesidad de cerrar el negocio, lamentablemente cerramos el negocio y no había esa entrada de dinero.

Los meses siguientes fueron los más duros, debido a que mis papás salían a trabajar y nos quedábamos con mis hermanos esperando que ellos regresaran y que trajeran algo para poder comer. Ese día a mi papá no le pagaron y mi mamá regresó tarde y no llevaba nada, aguanté hambre hasta la cena, fue lo único que comimos ese día.

Creo que todo en la vida te ayuda a bien, bueno, si uno así lo quiere ver, debido a situaciones que hacía algunos meses atrás veníamos teniendo, lo de la tragedia fue una más, pero ya no la vi tan grave como a otras personas que vivieron la inmensidad del asunto venirse sobre sus vidas y acabar con ellas.

Eran las once de la mañana del domingo 3 de junio, estábamos con mi mamá y hermanos en casa, notamos que el cielo empezó a tornarse gris, el ambiente se sentía extraño, entre cálido y fresco a la vez. No entendíamos si eran las bombas o retumbos del volcán los sonidos que se escuchaban a lo lejos.

Preparábamos el almuerzo con mi mamá y mi hermana, a todo esto ya el tiempo pasaba del medio día, escuchamos un golpe muy fuerte en la puerta de la entrada con gran insistencia, mi mamá asustada preguntó ¿quién es?, era la esposa de mi primo junto con sus hijos tocando y diciéndole a mi mamá que nos teníamos que ir.

Las sirenas de emergencia sonaban sin detenerse

Todo se tornó gris, solo se escuchó un estruendo muy fuerte y el cielo cada vez se veía gris oscuro y el calor de vapor se empezó a sentir. Dicen mis hermanos que había gritos, mi mamá salió corriendo junto con mis hermanos, yo iba caminando y veía a cada momento que ellos se alejaban, las personas pasaban a la par mía y se topaban unos con otros.

Vi como una chica cayó de un pick up y la arrastró el vehículo, con tal de salir huyendo. Notaba la angustia de la gente en sus rostros, madres con sus hijos cargando, otros corriendo, había muchos carros a la orilla de la calle. Nosotros vivíamos muy carca de la carretera (RN-14) que es la vía de acceso por Los Lotes.

Mi mamá se cruzó la carretera con mis hermanos y yo aún estaba del otro lado, ¡Yomi!, ¡Yomira! Gritó mi mamá, Dios creo que fue el que hizo que no escuchara y ensordecer mis oídos, hasta ese momento que salí a la carretera y vi el caos en medio de la vía cuando mis oídos se abrieron y me di cuenta que algo había sucedido.

Yo estaba en shock, no recuerdo muy bien en qué momento llegó la esposa de mi primo a decirnos que había que salir huyendo y que salimos sin llevarnos nada de la casa, los gritos de la gente y la emergencia que era un hecho.

 

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San Miguel Los Lotes, Escuintla. Lugar afectado por el flujo piroclástico del #VolcándeFuego. 10 de Junio 2018.

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Mi hermano llevaba el carro, el carro de mi papá es pequeño y solo caben seis personas, íbamos 13 en ese momento. A un lado iba mi hermana y al otro mi mamá, todos íbamos llorando, nadie sabía lo que había pasado, solo sabíamos que algo pasaba con el volcán.

Llegamos hasta el Cerro de Mirandilla, nos bajamos rápidamente y mi hermano dio la vuelta a Los Lotes por los demás familiares, solo escuchábamos que la gente gritaba ¡Ahí viene la lava! ¡Ahí viene la lava!, empezamos a caminar por los cañales tratando de huir de aquel lugar.

Tomé el teléfono y lo primero que se me ocurrió fue llamar a mi papá que se encontraba en Honduras por trabajo y lo primero que le dije fue: “papa, no regrese, quédese allá”, mi papá no sabía lo que sucedía, hasta que pude contarle y de igual forma llamé a otros amigos para decirles lo que estaba sucediendo, pero no me entendían.

Llegamos al albergue ubicado en el Salón Municipal de Escuintla, todos recibían llamadas, eran en su mayoría mujeres y niños. A cada instante la gente recibía llamadas para decir falleció fulano, al rato, falleció mengano. Era tan triste estar ahí, parecía un velatorio gigante.

Nos dijeron que nos iban a trasladar de albergue y ese momento fue el más triste. En algún momento de nuestra vida hablábamos con mi hermana y decíamos que teníamos que salir de la casa, pero nunca nos imaginamos de la manera en la que íbamos a salir de ella.

Llegamos al albergue Papa Juan Pablo II, veíamos la tristeza en los rostros de los adultos, algunos niños por su misma condición de niños tienden a no darle mucha importancia al hecho, los niños eran los que gritaban, jugaban, pero los adultos era otro semblante.

Fuimos atendidos por muchas personas, entre autoridades de gobierno, organismos internacionales, todos querían ayudar, nadie que quería quedar sin ayudar en ese momento. Fue tan sorprendente como esa tragedia movió a tanta gente en menos de lo que uno se imagina.

Siempre hubo comida, tuvimos siempre lo necesario, fue algo incómodo al inicio porque después de tener tus comodidades en casa y ahora dormir en una colchoneta en el suelo, no es algo que muchos puedan comprender, y más cuando tienes niños y tienes que alimentarlos y mantenerlos limpios.

Poco a poco fueron pasando los días, a nuestro albergue se hicieron presentes muchas personalidades con el objetivo de ver qué es lo que se necesitaba, la necesidad fue grande. Algunos de mis amigos ahora ya no están, vecinos y conocidos, una familia entera que eran amigos fallecieron, Yomira muestra su sensibilidad en ese momento, sus ojos se ponen llorosos, suspira y continúa.

Entre todas las instituciones estaba Cáritas de Guatemala que por medio de su oficina en Escuintla coordinó para hacer llegar sus donaciones y voluntarios que querían ayudar en alguna actividad dentro del albergue.

 

Los propósitos que la vida tiene para tu vida

La tarde de un martes, recuerdo muy bien que llegaron varias personas, entre ellas Gabriela de Quiñonez, una mujer con carisma y talento, madre de familia y esposa, ella vino con Cáritas de Guatemala, traía refacción para todos.

Cuando ella estuvo en nuestra mesa preguntó si había algo que nos gustaría realizar. Hoy pienso que todo fue obra de Dios y la vida que hizo que coincidiéramos aquella tarde. Gabriela llego hasta donde yo estaba y me preguntó si había algo con lo que ella pudiera colaborar para hacer alguna actividad y mejorar nuestro ánimo.

Recuerdo que ella dijo: “les voy a dejar mi número de contacto y cualquier cosa, me escriben”, esa noche le escribí y le dije: “Gabriela, ¡ya sé qué es!, ella sorprendida me dice, ¿qué pasa Yomira?, haremos pompones, le envié la foto de lo que quería que hiciéramos con las demás señoras.

Pasaron los días, uno de esos días recibí la llamada de Gabriela y me dice: “Yomira, necesito que me prepare a 25 mujeres ara el proyecto”, Gabriela traía con ella 25 cajitas con material para trabajar en la idea que yo le había dicho.

Yomira Acajabón trabajando en uno de los muchos pompones que realizan para el proyecto. (Foto PLURAL: Cortesía Yomira Acajabón)

Antes de que llegara, me tocó ir de colchoneta en colchoneta preguntándoles a todas las mujeres que se encontraban en el albergue si querían trabajar con nosotras, algunas con entusiasmo se apuntaron inmediatamente, otras, simplemente dijeron que no les interesaba.

Hubieron días que estaba muy animada, pero hubo días que ni yo quería hacer nada, recuerdo muy bien que un domingo reunidas todas, estábamos trabajando en los pompones, cortaba la lana y no me salía, hice todo a un lado y dije ¡ya no más!, me levanté y mis lágrimas comenzaron a salir, no sabía lo que me pasaba, ni lo que tenía, las demás se dieron cuenta y ya no siguieron ese día trabajando.

Los días fueron pasando uno a uno, con eso, las personas empezaron a asimilar todo lo que había acontecido aquel día. Uno de esos días tuvimos la visita sorpresa de una chica que dijo que iba a comprarnos, me quedé sorprendida, me saludó y me dijo que quería conocer a la encargada de los pompones y todos le dijeron que era yo.

Quiero comprarte tus pompones, dijo. Teníamos en la cuenta 54 pompones en esa oportunidad. Me los llevo todos, aseguró. Todas nos quedamos viendo las caras, fue una bendición. En ese momento necesitábamos ingresos y ella fue la que vino a llenarnos de bendición, fue la primera venta que realizamos de los pompones.

El fuego que nos unió

Para julio de 2018, este nombre no se lo dimos nosotros, luego de abrir la página en Facebook e Instagram, muchas personas empezaron a escribirnos y a darnos palabras de aliento para seguir adelante, ya que este proyecto no es solo mío o de Gabriela, somos varias chicas que estamos trabajando porque sabemos que de ahí tenemos un ingreso.

Después de haber conocido a Gabriela, reunido material y personas que quisieran trabajar, Yomira y Gabriela siguieron invitando a más mujeres que quisieran trabajar, aunque en Escuintla ha bajado un poco la producción, Alotenango ha seguido con ella.

A la fecha, la producción no se detiene y aseguran que el objetivo es poder ayudar a más familias que necesiten de algún trabajo para sustentar sus necesidades. Varias son las mujeres que han estado a la cabeza y contribuido de alguna manera a seguir impulsando el proyecto.

El fuego que nos unió fue el nombre que la gente votó para que así se llamara el proyecto, no es una casualidad, es la historia que muchos llevamos como recuerdo y le han puesto este nombre para recordar algo que nos impulsó a seguir adelante a pesar de la adversidad, asegura Yomira.

Me sorprendió mucho hace unos meses un pedido que llegó a nuestra página, una chica que iba a contraer matrimonio en Italia vino a nosotros a solicitarnos un pedido para dar de recuerdos nuestros pompones en su boda, nos envió fotografías, los pompones lucían hermosos en la mesa de la recepción.

Nos costó despegar, pero seguimos adelante, me toca que darle ánimos a todas, el próximo año tengo pensado meterme de lleno al proyecto, ya que soy maestra, me gusta enseñar y no quería dejar a un lado la educación, me encanta enseñar, me gusta mucho la docencia.

Recuerdo muy bien cuando estaba iniciando la carrera mi papá se molestó conmigo porque había elegido esa carrera, pero también fue consiente que no podía quitarme el impulso de seguir adelante y apoyarme en uno de mis sueños.

Enseñarles a niños ha sido una de las cosas más gratificantes de la vida y creo que cualquier maestro que tenga vocación de enseñanza te lo podría decir, mi vida es estar enseñando. Y ahora que me voy a dejar de laborar como docente me cuesta pensarlo, pero también sé que lo hago por otra causa muy buena.

El fuego que nos unió ha servido para realizar sueños, supe del caso de una familia que llegaban a vender dulces y chiles a la salida de la escuelita de Los Lotes, al pasar la tragedia ellos quedaron sin un ingreso que les ayudara, mientras hubo ayuda ellos pudieron tener alimento, pero una vez las cosas se fueron estabilizando ellos empezaron a quedar desprotegidos.

Se les hizo la invitación y ellos emocionados aceptaron, hoy, son de los que más han producido en el albergue de Alotenango y trabajan más que nunca porque saben que de ahí tienen un ingreso seguro y que con eso sustentan las necesidades de su familia.

El Fuego que nos unió ahora cuenta con espacio en ciudad de Guatemala y otros más en La Antigua Guatemala en donde se distribuyen sus productos, también asisten a bazares alrededor de la ciudad en donde se ponen a la venta y exhiben sus productos, han estado en la feria chapina en los Estados Unidos, con el fin de que personas en aquel país se conmuevan de lo sucedido en junio de 2018.

Viajé a la mitad de la edad de la que había dicho

En noviembre de 2018 me di cuenta que otro sueño que tenía iba a cumplirse, todo pasó tan rápido, nunca me imaginé que las cosas fueran a ser de esa manera. Italia, uno de los países que desde pequeña me emocionaba conocer, estaba a la vuelta de la esquina.

Cuando viajé a Italia, no estaba feliz, estaba triste. Porque me puse a pensar todo lo que tuvo que haber pasado para que yo pudiera viajar. Recuerdo muy bien que esa mañana estando en el albergue adicional a mí estado de ánimo y para echarle más leña al fuego, mi teléfono me lo robaron, no apareció por ningún lado.

Entonces iba triste, con apatía, deprimida y qué más podía esperar en ese viaje, solo sabía que la oportunidad se me estaba dando a la mitad dela edad que un día le había dicho a mi papá, de pequeña recuerdo que veía una serie en la televisión de una cantante joven, y que ella daba su concierto en el Coliseo Romano, era la cosa más linda que yo me imaginaba.

Yomira en el viaje que realizaron por el IV Foro de Pymes en Cesena, Italia. (Foto PLURAL: Cortesía Yomira Acajabón)

En algún momento pensé “yo quiero estar ahí, conocer, caminar y vivir ese momento”, sin saber que un día se me iba a conceder, pero no podía estar feliz, pues sabía muy bien y eso no me dejaba en paz, saber que muchos más padecieron esta tragedia y debido a eso yo andaba acá conociendo y alguien diría que dando un paseo.

Gracias al proyecto, Yomira y Gabriela participaron en el IV Foro de Pymes en Cesena, Italia. El Instituto Italo Latino Americano (IILA) fue quien extendió la invitación por medio de la Embajada de Guatemala para que ellas tuvieran participación en dicho foro y convivir con otros pequeños y medianos empresarios de todas partes del mundo y compartir experiencias de otros pequeños y medianos empresarios.

Entre el 5 y el 7 de noviembre de 2018 se celebró en Cesena el IV Foro ítalo-latinoamericano sobre Pequeñas y Medianas Empresas, organizado por la IILA junto con la Dirección General de la Cooperación al Desarrollo del MAECI, la Regione Emilia Romagna, la ciudad de Cesena, Confartigianato y Cesena-Fiere.

Y por primera vez en la historia de estos eventos de la IILA sobre PyMES y el desarrollo del territorio entre Italia y América Latina, participó un Presidente de la República de un país miembro: el Presidente de Paraguay Mario Abdo Benítez, quien pronunció un discurso muy significativo. Mediante sus palabras reconoció el valor y la considerable aportación que esta iniciativa sin precedentes ofrece al desarrollo de su país y a los países de la región latinoamericana.

Estaba sentada esperando a que nuestro vuelo saliera en la sala de espera del Aeropuerto Internacional La Aurora (AILA), cuando vino a mi mente ese recuerdo cuando le decía a mi papá que quería viajar a Italia, pero la culpa no me dejaba y mi mente me jugaba una mala pasada, pensando una vez más lo ocurrido aquella tarde de domingo.

Subí al avión llevábamos todo lo necesario para exponer en aquel foro, no sabíamos qué iba a pasar, solo sabíamos que debíamos hacer un papel, estábamos representando a Guatemala y a nuestra comunidad recién dañada y sobre todo a las mujeres que están con nosotros ahí bordando y trabajando día a día.

Llegamos inmediatamente, nos hospedaron en un hotel lindo, y rápidamente llegamos y había que prepararnos para estar en el lugar donde iba a dar inicio las actividades del foro, recuerdo que casi no dormí en el avión, fue algo que no disfruté tanto, pero que me gustaría volverá a hacer en la vida.

Ir sentada en el avión y compartir con las personas, ver a gente de otras partes, la vivencia en los aeropuertos, gente que va de viaje saber a dónde, rostros con prisa, otros más con tristeza y algunos con felicidad, son cosas que te marcan, y más si es la primera vez que lo haces.

Llegamos al hotel donde se iban a desarrollar las actividades de inauguración del foro y todos estaban ahí listos y a la expectativa de lo que iba a ocurrir, en ese escuché que habían personas hablando en español, por el acento imaginé que eran de Argentina, es tan típico ese acento tan lindo y que te llama a voltear a ver.

Había mucha gente, nosotras con Gabriela, saludábamos a un lado y otro, íbamos caminando y hasta cuando nos indicaron que nos querían saludar, me llamaron y entré a una sala en donde estaban unos personajes, engalanados y hablando entre ellos, me presentaron y cuando dijeron: el presidente de Paraguay y su señora esposa, el señor embajador de Perú y la señora embajadora de Panamá.

Sin imaginar, estaba ahí frente a ellos, grandes personalidades que nunca en mi mente hubiera pasado que iba a conocerlos y que iba a estar compartiendo un café y platicando de nuestras vidas y lo sucedido en nuestro país.

Recuerdo también, que la señora esposa del presidente de Paraguay, estaba muy emocionada y dijo que quería reunirnos y platicar con otra iniciativa para que uniéramos ideas poder tener conocimiento de ambas culturas, ya que ella encabeza una iniciativa en su país con el fin de ayudar a personas con necesidad.

Fueron días de mucho aprendizaje, al final creímos que nosotros íbamos a ser las expositoras y no fue así, fueron días de enlaces entre culturas y conocimientos de productos, conocí gente de Perú, Paraguay, Panamá, al señor secretario de la IILA y otras personalidades de la gremial de textiles de Italia.

Tenemos un gran reto en el país si queremos llegar a competir con países como Italia, que tienen un estándar de calidad muy elevado y que tienen normas estrictas para manejar sus textiles, creo que nosotros en el país tenemos la oportunidad de hacer, pero se necesita crear políticas que ayuden a que esto verdaderamente suceda.

La tarde antes de regresar, recuerdo que hubo un espacio para salir a conocer las plazas, y nos llevaban a estos lugares, me llamó tanto la atención que estos lugares son tan limpios, no se ve basura botada por las calles, los lugares están tan impecables y libres de suciedad, políticas como estas y sobre todo una cultura por parte de nosotros los guatemaltecos sería ideal para nuestro país.

Caminado por los pacillos del Coliseo romano, los fantasmas venían a mi mente una vez más, recordándome que no era merecedora de estar aquí. Recuerdo que había una piedra y me senté y vi hacia el cielo y le dije: “Dios mío gracias, porque no fue culpa mía, no puedo seguirme lamentando por algo que no tuve la culpa y nadie más la tuvo”, y fue el momento que di gracias y que tenía lo necesario para seguir adelante y por supuesto que estaba en un lugar en donde siempre quise estar.

Hay una frase que escuché en Italia que dice “Las ruinas son un regalo, las ruinas son el camino a la transformación”, no podía seguirme culpando y martirizando, me costó mucho, imagina si a mí me costó y no digamos a aquellos que perdieron más o todo.

Me encanta el café, y creo que es el recuerdo de esas tardes de esos días que estuvimos allá en Italia, la tranquilidad, ver a la gente que no tiene prisa, sin penas, ni preocupaciones y sentir ese aroma que envuelve el lugar, es algo tan especial. Y de ahí aprendí que amo más el café.

Trabajar para otros en la vida

Lo que hemos avanzado en este tiempo desde la erupción del Volcán de Fuego es apenas el inicio. Hay mucho camino por recorrer, muchas alianzas que explorar, mucho por mejorar, y unas ganas inmensas de poder cumplir nuestra misión de ayudar a todas las mujeres en áreas afectadas por el volcán, a tener una fuente de trabajo digno y un ingreso económico significativo, indica Acajabón.

Hoy, estoy consciente que la vida es un regalo, qué hubiera pasado si yo no estuviera, ¿alguien más lo hubiera hecho?, ¿qué hubiera pasado si me hubiera quedado sin mi familia?, han sido tantas las preguntas que me he hecho y estoy muy agradecida con Dios por haber permitido estar aquí y disfrutar de la vida.

Tragedia del Volcán de fuego, 3 de junio de 2018. (Foto PLURAL: Cortesía)

Me motiva seguir ayudando, hubo algunas veces que decía, por favor Dios mío, no quiero ser altruista, o no quiero que la gente padezca males, que me pase a mí. Quería ayudar a todos, sin saber que un día la que iba a necesitar ayuda iba a ser yo.

Hoy tengo muchas metas, objetivos y planes por realizar, aunque a veces mi mamá me dice, vos te vas a morir estudiando. Quiero estudiar muchas cosas, quiero aprender muchas cosas más, pero sé que se necesita tiempo, el objetivo es claro y quiero seguirlo.

Quiero ayudar a las personas, que no pasen por necesidad, quiero estudiar psicología en algún momento y sé que es otra meta por cumplir, paso a paso, pero lo voy a lograr, ahora veo un año atrás y no es ni donde empezamos, con mis zapatos en la mano y descalza.

Hoy sé dónde estoy parada y qué camino quiero seguir, va a costar sí, pero quiero seguir adelante. Mi propósito es que la gente no sufra, no padezca necesidad, hay tanta necesidad que atender y quiero ser parte de ese cambio.

Así como hubo alguien que me apoyó en momentos de necesidad, de la misma manera quiero ser un canal de apoyo para todos aquellos que sufren o necesitan ayuda, tengan a alguien a quien acudir y que puedan ser una mano amiga.

 

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